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Rimbaud, Arthur

Arthur Rimbaud (Charleville, 1854 – Marsella, 1891). Poeta francés, adscrito unas veces al movimiento simbolista, junto a Mallarmé, y otras al decadentista, junto a Verlaine. Destacó pronto en el colegio por su precocidad. En septiembre de 1870 se fugó de casa por primera vez. Verlaine, a quien había enviado algunos poemas, le invitó a París. Rimbaud llegó con un poema, «El barco ebrio», quizás la mayor expresión de su genio visionario, que impresionó profundamente a su anfitrión. Rimbaud y Verlaine iniciaron rápidamente una tormentosa relación sentimental. En París, se integró enseguida en el círculo literario del club zutista y escribió el Album zutique. La segunda parte de su vida fue una especie de caos aventurero e hizo una pequeña fortuna como traficante de armas. En 1891, aquejado de fuertes dolores en la pierna derecha, volvió a Francia, donde le fue amputada y murió poco después en un hospital de Marsella.

Martínez, Alicia

Ocasionalmente, pintora, ceramista, figurinista de teatro y dibujante. Habitualmente trabaja en la enseñanza.

Versión papel 
Tamaño: 19,5 x 26 cm.
Encuadernación: Cartoné
Páginas: 144
ISBN: 978-84-92683-33-8
 
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Arthur Rimbaud

El barco ebrio y otros poemas

Traducción de: Carmen Morales y Claude Dubois
Ilustrado por: Alicia Martínez

 

Después de publicar Las flores del mal, de Baudelaire, y Poemas, de Verlaine, completamos con esta antología bilingüe la serie que hemos dedicado a los poetas malditos. Tal vez Rimbaud sea «el gran maldito»; su vida y su obra han estado rodeadas de misterio, lo que ha agigantado su figura y es, sin duda, el poeta sobre el que más páginas se han escrito.
Hemos elegido como título «El barco ebrio» porque creemos que este poema es muy representativo de la obra y la vida de Rimbaud, tan alejadas ambas de las costumbres burguesas y de sus normas paralizantes, tan deseosas de infinito y de luz.

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos.
¡Diez noches bailé, más ligero que un tapón de corcho,
sobre el oleaje, al que llaman eterno embrollador
de víctimas, sin añorar el necio ojo de los faros!

En esta ocasión, es la pintora Alicia Martínez quien ha entablado diálogo con el poeta y, así como la obra de Rimbaud es muy rica en matices y contrastes, también lo es la interpretación plástica de los poemas y las técnicas utilizadas por la ilustradora.

 
Nadie pudo desear más ardientemente entregarse que él. De niño se dio a Dios, de joven al mundo; y en ambos casos se sintió engañado y traicionado... La esencia de su ser permanece intacta, inconmovible, inaccesible.
Henry Miller, El tiempo de los asesinos
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29,50

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