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La foto de Karen Blixen con Marilyn Monroe, en palabras | El bolso de Blixen

El bolso de BlixenUn escritor o escritora y su prenda predilecta son los dos ingredientes literarios que llevan tiempo cocinando juntos el escritor Jesús Marchamalo y el ilustrador Antonio Santos. En Nórdica Libros hemos tenido la suerte de publicar ya tres combinaciones inconfundibles: Retrato de Baroja con abrigo, Kafka con sombrero y Pessoa, gafas y pajarita. A esta deliciosa colección de pequeñas lecturas ilustradas se incorpora El bolso de Blixen.

La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar.

Karen Blixen

Esta nueva colaboración entre Marchamalo y Santos se adentra en la vida de Karen Blixen, la escritora danesa que se hizo mundialmente famosa por su libro Memorias de África. En Nórdica Libros hemos tenido la suerte de publicar su correspondencia cuando Blixen regresó del continente africano: Cartas desde Dinamarca.

El bolso de Blixen comienza con una imagen singular: la foto de Blixen y Marilyn Monroe tomada en Nueva York en febrero de 1959. Compartimos las primeras páginas del libro y esperamos que los hallazgos dentro de El bolso de Blixen crezcan con la lectura en vuestras manos.

«Hay una foto suya con Marilyn Monroe tomada en Nueva York en febrero de 1959. Marylin esplendorosa, inmensamente rubia, con un elegante, carnal, vestido negro escotado como un escaparate y una estola de piel sobre los hombros. La baronesa, sentada a su lado sobre un descalzador, minúscula, los ojos negros, vivos, perfilados de khol y una sonrisa exánime.

Viste un traje gris, un chal alrededor del cuello y tapándole el pelo, y un collar de perlas tan discreto que parecía invisible. Una anciana espectral que caminaba extrañamente erguida, diríase casi ingrávida, flotando sobre el suelo como una aparición. Pesaba entonces apenas treina y seis kilos y lucía una cadavérica elegancia, una aristocrática decrepitud de pómulos marcados y profundas arrugas, y una nariz aguileña, afilada como el pico de una cordillera.

Bolso Karen Blixen

Las había invitado a su casa, en Nyack, frente al Hudson, su amiga Carson McCullers, que esa misma mañana había enviado al mayordomo a buscar uvas blancas y ostras, lo único que comía la baronesa, acompañadas de champán y, a veces, caprichosa, de algún espárrago blanco que tragaba sin masticar.

Arthur Miller, que se sentó a su lado en la mesa del comedor, de mármol negro —candelabros y cubiertos de alpaca y manteles de hilo—, le preguntó si no era insana esa dieta tan singular y estricta, y ella, clavándole los ojos con desprecio y un mohín de niña consentida, le contestó:

—A mis médicos también les horroriza, pero soy vieja —dijo— y como lo que quiero.

Tres días después de aquella cena, fue ingresada en un hospital aquejada de malnutrición aguda. Sufría sífilis, anorexia severa, una larga dependencia de anfetaminas y somníferos, y consumió, durante años, a diario, unas gotas de arsénico diluidas en un vaso de agua.

Una vez, a Abdulai, uno de sus criados, se le olvidó el agua y ella, absorta en la lectura, se lo bebió sin rebajar, de un trago. Estuvo a punto de morir envenenada, pero la salvó Dumas; recordó, de repente, aquella historia en La reina Margot y el antídoto que le daban al rey Carlos IX: leche con una clara de huevo que, entre náuseas y toses, la garganta abrasada, le salvó a ella la vida.

karen-blixen

Fumaba también de manera compulsiva, más de dos paquetes diarios de cigarrillos que en sus manos, nervudas, dedos largos y venas prominentes, llamaban la atención por su blancura.n

Y allí, junto a ella, en la fotografía, inmenso, un bolso de piel clara —asas cortas y cierre de boquilla— que protege con uno de sus brazos, como si alguien se lo fuera a robar.

¿Qué llevaría la anciana baronesa, qué secretos recónditos, qué misterios guardados en el bolso?

¡Encontrarás la continuación de la historia en tu librería favorita!

El bolso de Blixen | Autor: Jesús Marchamalo | Ilustrador: Antonio Santos

Más libros de Jesús Marchamalo y Antonio Santos:

Kafka con sombrero

Pessoa, gafas y pajarita

Retrato de Baroja con abrigo